Salir sin móvil de casa

Salir sin móvil de casa


Muchos de vosotros diréis ¡Eso es una locura, estás loco grandísimo hijo de la gran puta! (quizás no exageráis) pero lo de gran puta sobraba eh, que os venís arriba. Cuando todos los del grupo tienen whatsapp y quedáis en la terraza de un bar para tomar algo, en realidad no quedáis para tomar algo. Quedáis para ocupar una mesa y whatsappear, quizás hasta entre vosotros, eso ya es un nivel experto. Todo es jiji y jaja hasta que alguien dice: me tengo que ir, y se va, y al rato preguntáis a dónde se ha ido. Ahí es cuando te das cuenta que no tiene sentido quedar así.

Bueno, pues un día me atreví. Até el móvil al cargador y alejándome del salón con lágrimas en los ojos y arañando el suelo porque me arrastraban de los pies, salí de casa sin el móvil. Pensé que me echaría de menos pero cuando volví el cabrón tenía la batería al 100% y no noté ningún desgaste ni notificación pendiente por su parte. Vamos, que la vida siguió tal cual. También es verdad que sólo fueron 45 minutos, pero los mejores 45 minutos de esa última hora que recuerdo.

Cuando llegué al lugar de encuentro, todos con sus móviles, y yo más contento que nadie que hasta me di cuenta cuándo vino el camarero a preguntar qué quería, todos empezaron a dejar el móvil en segundo plano, y ahí fue cuando recordé los buenos tiempos de verano, y no me refiero a las fiestas del pueblo cuando la compañera de la catequesis me ignoraba en la pista de baile y se hacía la dormida para no verme. Fue algo así como una sensación agridulce, pero que sin duda repito muy a menudo (si es que no voy a estar sin él mucho tiempo)

Si lo pruebas y te gusta, vete a casa corriendo por el móvil y me lo cuentas 😀

 

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