No me caben más polvorones en la boca

No me caben más polvorones en la boca

Ayer la vecina petó a mi puerta y tuve que ir corriendo a ducharme peinarme lavarme los dientes despeinarme ordenadamente ensayar deprisa una cara de alegría inesperada fingir una actitud casual y espontánea y colocarme apoyado en el umbral de la puerta como si del orgullo de existir sobrepasase los límites de la educación. Yo me esperaba algo como “Venía a ver si necesitabas un masaje” o cualquier cosa parecida que es muy común entre vecinos desconocidos que en las escaleras se comen la boca con la mirada. Bueno, en fin.

Ella me miró con un gesto imparcial, desconfigurado por el pudor de mi pasta de dientes por la cara, el peine todavía clavado entre el pelo (al menos tengo pelo) los pantalones puestos del revés como si no tuviese lavadora y mi cara de dolor fingiendo satisfacción por haberme clavado el codo con el marco de la puerta. Después de unos segundos de la mirada a otros lados y sin saber qué postura adoptar, si llorar o no para que vea que soy humano y no una deidad de la sensualidad, puso una cara como voy a hace que no he visto nada y me dijo: ¿Quieres un polvorón? Hostia chaval pensé. Al final las velas y esencia    de romero que le ponía debajo de la alfombra sirvieron para algo. Yo ya me estaba sacando los calcetines del paquete porque bien habían trabajado ya, y llegué hasta su casa casi sin tocar el suelo, iba haciendo palanca, no sé si me entiendes. Al abrir la puerta apareció su madre, sus abuelos, los sobrinos, Su Marido, las primas de Móstoles y yo quién sé más. La abuela había hecho polvorones y me daba a probar.

Ya uno no puede saber cuándo una persona te habla literalmente o usa el juego de palabras que en Twitter se lleva tan bien. El polvorón está tó rico, aunque no era del todo de los que a mí me gustan. Me dijo su abuela que la próxima vez pruebe fuera de fiestas y cuando el marido trabaje. Bueno ya veremos. Ahora ya tengo miedo que el próximo día que me hable del polvo sea porque quiere que le pase la escoba, y no me refiero a esa escoba… si no a la de verdad. A la del mango, y no me refiero a ese mango… si no al de verdad. Al de que se coge a dos manos. Y no me refiero coger como se dice en sudamérica. Y no me refiero a sudamérica como si mérica sudase. Vale ya paro.

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