Te conviertes y serás lo que quieras ser

Te conviertes y serás lo que quieras ser

Gracias a este proceso de operación bikini, pienso en que una pesona con un cuerpo diez no es porque tenga unos genes superiores (que puede tenerlos, pero lo ha tenido que luchar) y ahora al ver lo que cuesta, sólo puedo decir:

Una persona alegre no se pasó la vida con cara de amaragado. Es alegre a las buenas y a las malas.

El primer paso para conseguir algo es terminar de buscar las razones para no necesitar conseguirlo. Nadie necesita nada. No necesitas ser guapo, no necesitas ligar más, no necesitas levantar 100kg en press banca para impresionar a otros hombres, pero sí que te gustaría reflejar con tu sonrisa cómo te ves por dentro, sí que te gustaría conocer gente y sí que te gustaría levantarte cada mañana sin sentir que estás cansado. Así que si te gusta ¿Por qué no? A mí no me gusta levantarme temprano y aún así me suena el despertador a las 6am. Pues si hago cosas que no me gustan, porqué me tengo que plantear tanto las cosas que tengo que hacer para conseguir lo que me gustaría ser.

Si quieres ser feliz empieza por sonreír aunque no tengas ganas. Esto parece un poetuit pero funciona. El cambio empieza así. Pensamos que la gente consigue cosas porque son unos superdotados o unos privilegiados, que han conseguido hacer coincidir su suerte con su momento y no. Nadie gana una medalla de oro en algo sólo porque sus padres lo hubieran engendrado a la luz de las velas con pétalos de rosa. Lo bueno de todo esto, es que cuando empiezas a hacer el cambio y dejas de escuchar tus pensamientos negativos automáticos, empiezas a ser tú. No en lo que querías ser, si no en lo que tú eres, que ahora moldeas, que moldearás hasta ser lo que te gustaría, y es ahí cuando eres alegre. Y Que te miren otros y te admiren por tu físico ya es lo de menos, es tu cambio el que te enorgullece y eso vale mucho más que las gotas de sudor al hacer deporte.

Recuerdo cuando empecé a andar en bicicleta de una forma intensa, que los baches más pequeños me parecían una tortura. Además pedaleaba sabiendo que más adelante había una piedra y calculaba durnate el camino cómo debería evitarla sin quitarle la mirada, no la temía. Coño pues siempre pasaba por encima. Con el tiempo me di cuenta que las piedras del camino no son enemigas, ellas estaban ahí antes y ganan por experiencia. Empecé a mirar el camino por donde quería pasar en vez de por dónde no quería meterme… Y voilà.

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