La vida no es el camino recorrido, es el paisaje.

La vida no es el camino recorrido, es el paisaje.

A mí nunca me contaron el cuento de la abejita que quiere polinizar para enseñarme a usar un preservativo pero aún así, no sé cómo, me lo sé. O bueno, igual sí sé cómo lo sé, debe ser de la misma manera que me contaban los cuentos de monstruos para convencerme de que los monstruos no existían.

¿Es cierto que si yo vivo mejoro la vida de los demás? Pues supongo que será según en qué modo influyo sobre ellos. Lo que es cierto es que un enjambre de abejas gigantes, todas las defensoras saben que van a morir tan pronto como tengan que defenderse al clavar el aguijón ¿Pero porqué habrá elegido ese método de defensa, no podrían inyectar el veneno sin más y volver a casa como los marines? Quizás vivir no vale tanto como pensamos y lo que sí cuenta es la vida. No somos lo que hacemos ni lo que comemos, somos lo que nos ha traído. La vida no es el camino recorrido, es el paisaje.

No es que seamos un polvo de estrellas, ni que el polvo que echan las estrellas más lejanas vivan más, si no que la vida es mucho más global y abstracta que nuestro vivir, que es un pequeño trozo de vida en el ciclo natural. Según se especula, (porque no podemos calcular los datos que no se conocen) 9 de cada 10 especies vivas del planeta se desconocen y unas 30.000 (en porcentaje) están en vías de extinción. No sé porqué no calculan más bien las que ya han desaparecido y las que han desaparecido antes de haberlas descubierto ¿No será eso más bien la vida? El nacimiento de especies y el deceso de otras las que forman el ciclo de la vida.

Deberíamos preocuparnos y evitar con todas las fuerzas provocar la desaparición de las especies que por nuestro progreso vamos desplazando, pero quizás no deberíamos interponernos en el destino de otras especies que sin razones aparentes terminen su cometido ya que la tierra en sí, al girar, recoloca todo en su lugar a paso lento.